Si hay un sonido especialmente triste es el de los nudillos de los diputados golpeando los pupitres en las comisiones de investigación. Es un ritmo de tango, un-dos-tres-cuatro, un-dos-tres-cuatro, como una marcha militar que suena un poco a letanía de pueblo condenado y un poco a comedor de internado el día que traen los últimos polvorones de la temporada.Las comisiones de investigación habría que prohibirlas, como el carnaval por encima del paralelo 40. Porque hoy por hoy solo tienen un objetivo y es que todos muestren su peor cara, se apalanquen en sus miserias y nos hagan sentir desdichados. Aún recuerdo la comparecencia de Sánchez el día que estrenó las gafas de mentir de cerca. Entonces criticamos su presencia chulesca y aquella actitud macarra. Hoy deberíamos decir lo mismo de la comparecencia de Feijóo y por las mismas razones. El que un día fuera símbolo de la institucionalidad parece hoy una sombra obsesionada solo con mostrarse lo suficientemente duro delante de los suyos, de esos que golpean la madera con los nudillos como los gitanos de la cava golpean el yunque, un-dos-tres- cuatro, un-dos-tres- cuatro.Fueron tres horas y media de esperpento, con Rufián como MVP de la charca. Con ello contábamos. Y con un PSOE desquiciado y con Sumar en mínimos. Pero sorprende su actitud forzada y poco presidencial de Feijóo. Y más aun que el PP exhibiera la faena fallida en redes entre un maremágnum de "mira que zasca", "lo ha machacado", "les ha puesto en su sitio" y otras cumbres de la política de arrabal. Esto es lo que tenemos, Carlos. Abandonemos toda esperanza. Bueno, toda excepto una: espero que ninguna víctima haya dedicado un minuto a ver ese espectáculo. O dicho de otro modo: a palabras huecas, nudillos sordos.